¿Cómo eran las barracas antes?

Barracas: Origen, Historia y Transformación

07/03/2012

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El nombre del barrio porteño de Barracas evoca directamente las construcciones que le dieron origen. Pero, ¿cómo eran exactamente estas barracas antes y cuál fue su función primordial en la historia de la región? Para entenderlo, debemos remontarnos a finales del siglo XVIII, un período clave en la configuración de Buenos Aires y su actividad portuaria.

¿Cuándo se crearon las barracas?
Debe su nombre a las antiguas barracas que comenzaron a construirse a fines del siglo XVIII.
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Orígenes Humildes: Las Primeras Barracas del Riachuelo

A fines del siglo XVIII, la orilla izquierda del Riachuelo comenzó a poblarse de construcciones rudimentarias. Eran lo que se conocía simplemente como barracas. No eran grandes edificios de mampostería, sino más bien galpones improvisados y precarios. Su ubicación estratégica, cerca del puerto natural que ofrecía el Riachuelo, las convertía en puntos neurálgicos para el comercio incipiente.

La función principal de estas construcciones era el almacenamiento. Aquí se guardaban los productos del país listos para ser exportados, principalmente cueros, que eran una de las principales mercancías de la época. También servían para recibir y depositar las mercaderías que llegaban del exterior, antes de ser distribuidas en la ciudad o el interior. Un plano del siglo XVIII incluso menciona una lonja de terreno entre el Parque Lezama (o lo que serían sus futuras barrancas) y la Vuelta de Rocha en el Riachuelo con la inscripción “Las barracas y tierras de doña María Burzaco”, evidenciando la propiedad privada sobre estas instalaciones.

Existe una teoría histórica, sostenida por algunos investigadores, que añade una capa sombría a la función de estas barracas: se dice que pudieron haber sido el primer lugar de desembarco para los esclavos negros que llegaban al Río de la Plata. Si bien la evidencia puede ser objeto de debate, esta posibilidad resalta la crudeza de la actividad comercial de la época y el rol que Barracas pudo haber jugado en ella.

De Puesto de Avanzada a Partido y Barrio

Inicialmente, Barracas no era una zona densamente poblada, pero su ubicación era innegablemente estratégica. No solo por las barracas de almacenamiento, sino también por la presencia de un puerto y un Arsenal de Marina, crucial para la defensa ante posibles invasiones extranjeras. Además, hasta bien entrado el siglo XIX, la zona al noroeste albergaba los Mataderos del Sur, también conocidos como de la “Convalecencia” o del “Alto”. Estos mataderos funcionaron hasta 1872, cuando fueron clausurados debido a la grave contaminación que generaban al arrojar los desperdicios de la faena directamente al Riachuelo.

La importancia creciente de la zona llevó a su reconocimiento administrativo. Según los Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Barracas se convirtió en Partido a principios del siglo XIX. Se nombraron autoridades para su gobierno y supervisión, como Don Juan Manuel de Collantes, designado comisionado en diciembre de 1805, y Don Carlos Aldaz, alcalde de la hermandad en 1814.

El 3 de diciembre de 1847, la zona recibió su reconocimiento oficial como barrio porteño: el Barrio de “Barracas”. Aunque su historia ya se extendía por décadas, esta fecha marcó su consolidación como una entidad urbana dentro de Buenos Aires. La narración histórica lo describe poblado por familias laboriosas, patriotas, creyentes y nobles, sugiriendo una evolución de su composición social desde sus orígenes como simple zona de almacenamiento.

La estructura administrativa continuó desarrollándose, con la creación del Juzgado de Paz de Barracas al Norte el 30 de agosto de 1853, siendo el Dr. Juan Milberg su primer juez.

Barracas: Un Barrio de Contrastes y Transformaciones

Con el paso del tiempo, la fisonomía de Barracas experimentó cambios notables. La zona, inicialmente definida por galpones precarios y mataderos, comenzó a transformarse en un barrio de quintas. Familias de alta figuración política y social eligieron Barracas para establecer sus residencias. Lujosas casonas y señoriales quintas bordeaban la entonces llamada Calle Larga, hoy Avenida Montes de Oca. Los terrenos que pertenecieron a la familia Guerrero, por ejemplo, dieron lugar a verdaderos palacios rodeados de imponentes jardines, uno de los cuales se convertiría en la actual Plaza Colombia, inaugurada en 1937.

Sin embargo, Barracas también se consolidó como un importante centro de industria. Fue un barrio donde el silbato de las fábricas marcaba el ritmo del trabajo diario. El aire se impregnaba de los olores característicos de la producción, como el de galletitas o chocolate, que recibían a quienes ingresaban al barrio por la Avenida Montes de Oca. Aunque hoy la modernidad ha traído cambios, como el gran shopping de materiales escoltado por las alas del Águila en Suárez y Herrera, los viejos vecinos aún recuerdan con nostalgia esos aromas industriales que formaban parte de la identidad barrial.

Un ejemplo concreto de esta vocación industrial temprana es la llegada de la industria automotriz. En mayo de 1923, directivos de Ellis Hampton Watson alquilaron una barraca de lanas al señor Travella en la esquina de Garay y Huergo. Este edificio, que ocupaba un cuarto de manzana, con planta baja y un piso, fue considerado ideal para sus planes. El cálculo era sencillo: armando un porcentaje de los autos en Buenos Aires, las ventas de Chevrolet aumentarían al reducir los costos de flete. Así, se dispusieron a armar una línea de montaje.

La gigante General Motors (USA) no tardó en notar el potencial. En Buenos Aires, organizó la GM Export Co., compró el contrato a Ellis Watson y, en noviembre de 1924, comenzó a armar automóviles Chevrolet, los famosos «Campeón», en aquella misma antigua barraca de lana. Este hecho subraya cómo las modestas construcciones originales dieron paso a usos industriales más complejos, adaptándose a los tiempos y a las nuevas tecnologías.

El Cruce del Riachuelo: Una Historia de Puentes y Superación

El Riachuelo, si bien le dio nombre a las primeras barracas, también representaba un obstáculo para la comunicación. Inicialmente, cruzarlo implicaba usar canoas, un método peligroso e insuficiente para trasladar carruajes o ganado. La necesidad de un paso más seguro y eficiente llevó a la decisión de construir un puente de madera.

Tras muchas discusiones, el primer puente fue inaugurado el 1° de diciembre de 1791. Las obras estuvieron a cargo de Juan Gutiérrez Gálvez, un vecino de la zona y propietario de una de las canoas que operaban el cruce. Este puente, conocido como Puente de Gálvez, era de peaje; se cobraba por cruzar dependiendo de la carga y la cantidad de animales.

¿Por qué se llama barraca?
Este barrio debe su nombre a las antiguas barracas que comenzaron a construirse a fines del siglo XVIII en la orilla del Riachuelo. Se calcula que las primeras construcciones eran improvisados y precarios galpones que se usaban para almacenar cueros y otros productos que debían embarcarse en el Riachuelo.

La historia del cruce del Riachuelo está marcada por la resiliencia y la constante reconstrucción. En 1806, el Puente de Gálvez fue incendiado estratégicamente para impedir el avance de las invasiones inglesas. Una vez superada la amenaza, comenzó su reconstrucción. Sin embargo, a lo largo de los años, las inundaciones y los factores climáticos adversos representaron un gran inconveniente, dañando o destruyendo el paso repetidamente.

En 1858, Prilidiano Pueyrredón, hijo del general Juan Martín de Pueyrredón, propuso al gobierno reemplazar el puente de Barracas, que se encontraba en ruinas, por uno sólido, espacioso y moderno, digno de la cercanía con la Ciudad de Buenos Aires. Su visión apuntaba a facilitar tanto el tránsito terrestre como el fluvial.

El 9 de noviembre de 1871, se inauguró un nuevo puente, esta vez de hierro y con pilares más robustos. A pesar de la mejora, la fuerza de la naturaleza volvió a imponerse. En 1884, una feroz crecida del Riachuelo arrasó con la obra.

La necesidad de conexión persistía. En 1903, se inauguró otro puente. Finalmente, el Puente Pueyrredón, tal como lo conocemos hoy, fue habilitado en 1931. Esta sucesión de puentes a lo largo de los siglos es un símbolo de la importancia vital del cruce del Riachuelo para el desarrollo y la comunicación de Barracas y la ciudad.

Fe, Leyenda y Tragedia: Las Iglesias de Barracas

La historia de Barracas también está ligada a su vida espiritual y a leyendas que perduran en el tiempo. La parroquia de Santa Lucía es un pilar de la identidad católica del barrio. La Capilla de Santa Lucía original se encontraba en otro lugar (actuales Sarmiento y Montevideo) hasta que, en 1783, Doña María Josefa de Alquizalete la trasladó a su quinta en Barracas. Hoy, la Iglesia de Santa Lucía se erige como el corazón religioso del barrio sureño.

Pero quizás la historia más conmovedora y trágica asociada a una iglesia en Barracas sea la de Santa Felicitas. La Iglesia de Santa Felicitas se encuentra en la calle Isabel La Católica, en el mismo lugar donde estuvo la quinta de Don Martín de Alzaga, un acaudalado comerciante vasco.

La trama se centra en Felicitas Guerrero, una mujer de gran belleza y de una familia distinguida, también propietaria de una quinta en la zona. Felicitas se casó con el hijo de Don Martín de Alzaga. El matrimonio tuvo dos hijos que, lamentablemente, murieron en la infancia. Poco después, Don Martín (el esposo) falleció a la temprana edad de 26 años.

Felicitas, joven, hermosa y ahora una viuda muy rica, volvió a ser una figura destacada en los salones y fiestas de la sociedad porteña, atrayendo numerosos pretendientes. Entre ellos se encontraba Enrique Ocampo. Sin embargo, Felicitas conoció a Sáenz Valiente y lo prefirió, ignorando a Ocampo.

El despecho de Ocampo lo llevó a un trágico desenlace. Intentó reconquistarla sin éxito. Una tarde, desesperado, se presentó en la quinta y pidió hablar con Felicitas a solas. No se sabe con exactitud qué ocurrió en esa conversación, pero se escuchó una fuerte discusión seguida del sonido de dos balazos. Uno hirió de muerte a Felicitas, quien falleció tras una lenta agonía. El otro disparo fue el de Ocampo, quien se suicidó en el acto, abrumado por la desesperación.

En memoria de su hija, los padres de Felicitas decidieron erigir un grandioso templo en el lugar de la tragedia. La Iglesia de Santa Felicitas fue construida en 1875, según el proyecto del arquitecto Bunge. Es una construcción que combina elementos eclécticos con reminiscencias góticas y posee una particularidad única en Buenos Aires: en su interior hay estatuas que representan a seglares. Realizadas en mármol de Carrara, estas estatuas inmortalizan a Felicitas junto a sus hijos y a Martín de Alzaga. Además, en una habitación contigua a la sacristía, se encuentra la tumba de mármol que guarda los restos de Felicitas. Esta iglesia no solo es un monumento arquitectónico, sino también un recordatorio permanente de una historia de amor, pérdida y violencia que marcó al barrio.

Barracas en el Imaginario Cultural

La rica historia y el carácter distintivo de Barracas han quedado plasmados en diversas expresiones culturales, especialmente en el tango. Letristas como Enrique Cadícamo, José González Castillo y Miguel Bucino han inmortalizado rincones, personajes y atmósferas del barrio en sus obras.

El "Viejo café de Barracas", con sus "turbios recuerdos de entonces" y "entreveros de facas", descrito por Cadícamo, evoca un pasado de arrabal y compadraje. La "noche de verano" en una "calle en Barracas al Sur" con el cielo azul y el canto del barco italiano, pintada por Castillo, sugiere una imagen más melancólica y poética ligada al puerto. Y el "Bailarín compadrito" que floreó su corte en el "viejo bailongo orillero de Barracas al Sur", recordado por Bucino, nos habla de la tradición tanguera y la vida de los malevos en los límites de la ciudad.

Estas referencias literarias y musicales son un testimonio de cómo Barracas, desde sus humildes orígenes como zona de barracas de almacenamiento, evolucionó hasta convertirse en un barrio con una identidad fuerte, marcada por la historia, la industria, las leyendas y la cultura popular.

Preguntas Frecuentes sobre la Historia de Barracas

  • ¿Qué eran las barracas originales que dieron nombre al barrio? Eran construcciones precarias, galpones utilizados a fines del siglo XVIII para almacenar cueros y otros productos destinados a la exportación o para recibir mercaderías importadas en la orilla del Riachuelo.
  • ¿Cuándo se convirtió Barracas en un barrio oficial de Buenos Aires? Barracas fue reconocido oficialmente como barrio porteño el 3 de diciembre de 1847, aunque su historia administrativa como Partido se remonta a principios del siglo XIX.
  • ¿Por qué es famosa la Iglesia de Santa Felicitas? Esta iglesia fue construida por los padres de Felicitas Guerrero en 1875 en el lugar exacto donde su hija fue asesinada en una trágica historia de amor y despecho. Es notable por su arquitectura y por contener estatuas de seglares y la tumba de Felicitas.
  • ¿Cómo evolucionó la función del barrio a lo largo del tiempo? Pasó de ser una zona de almacenamiento y mataderos, a un área de quintas y residencias de familias acomodadas, para luego consolidarse como un importante centro industrial con fábricas y, más recientemente, a una mezcla de áreas residenciales, comerciales e industriales.
  • ¿Cuántos puentes principales ha tenido Barracas sobre el Riachuelo en su historia? La historia registra varios puentes importantes en el mismo lugar, comenzando con el de madera de Gálvez (1791), seguido por versiones de hierro (1871, 1903) y finalmente el actual Puente Pueyrredón (1931), sin contar las reparaciones y reconstrucciones intermedias.

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