30/09/2017
La búsqueda de la excelencia en la fabricación de objetos de arte y utilitarios ha llevado a diversas culturas a dominar la técnica de la porcelana. Este material, apreciado por su delicadeza, resistencia y belleza translúcida, ha sido durante siglos un símbolo de estatus y refinamiento. Pero, ¿dónde se fabrica la mejor porcelana del mundo? Si bien la respuesta puede ser subjetiva y variar según el criterio (historia, técnica, innovación, valor artístico), hay nombres que resuenan con particular fuerza en este ámbito. Uno de ellos, sin duda, es el de la Manufactura Nacional de Sèvres, en Francia, cuya historia está íntimamente ligada a la realeza, la innovación constante y la creación de piezas de inigualable calidad.
La historia de la Manufactura Nacional de Sèvres, ubicada en la ciudad francesa del mismo nombre, es la crónica de una institución que ha marcado pautas en la producción de porcelana europea. Fundada inicialmente en 1740 en Vincennes, esta manufactura nació con un claro propósito: competir con la afamada porcelana de Meissen y otras producciones de la época, como la de Chantilly. Contó desde sus inicios con el apoyo incondicional del rey Luis XV y de figuras influyentes como Madame de Pompadour, lo que le otorgó un estatus privilegiado y acceso a recursos.
Los primeros años en Vincennes fueron de experimentación. Los hermanos Robert y Gilles Dubois, provenientes de Chantilly, realizaron los primeros intentos. Sin embargo, fue bajo la dirección del matrimonio Gravant, hacia 1745, cuando se lograron resultados significativos, destacando la creación de modelos de flores de porcelana, utilizadas para decorar lámparas y otros objetos, demostrando una temprana inclinación por la innovación decorativa.
El traslado a Sèvres en 1756 marcó una nueva etapa. Se construyó un edificio monumental por iniciativa de Madame de Pompadour, cerca de su castillo de Bellevue. Este edificio, diseñado por el arquitecto Laurent Lindet y construido entre 1753 y 1756, era una estructura imponente de ciento treinta metros de longitud y cuatro pisos de altura. Su diseño incluía un pabellón central con frontón y reloj, flanqueado por dos largas alas terminadas en pabellones en ángulo. Una tribuna y una gran verja de hierro forjado precedían el pabellón central, y una plaza semicircular permitía el estacionamiento de carrozas, evidenciando la importancia y el flujo de visitantes ilustres.
La organización interna del edificio estaba pensada para optimizar el proceso de producción. La planta baja albergaba las reservas de tierras y materias primas. El primer piso contenía los talleres de modelaje, yeso, escultura y grabado, así como los hornos. En el segundo piso trabajaban escultores, torneros y talleres de reparación. Finalmente, el piso bajo el techo estaba destinado a los pintores y doradores, los artistas encargados de dar vida y color a las piezas.
Las Primeras Producciones y sus Innovaciones
A mediados del siglo XVIII, la fábrica de Sèvres se distinguió por su porcelana de pasta tierna. Dos de sus innovaciones más notables fueron el desarrollo de colores de fondo únicos y el uso del biscuit para la creación de pequeñas esculturas.
El color más célebre y pionero fue un azul intenso, introducido en 1749. Aunque inicialmente presentaba ligeros corrimientos, fue perfeccionado y combinado magistralmente con decoración en oro de 24 quilates, aplicado en ligeros relieves. Este uso exclusivo del oro por parte de la fábrica Vincennes-Sèvres en toda Francia subrayaba su estatus real. Le siguió el azul celeste, que imitaba ciertas porcelanas chinas, y en 1756, el verde prado, a menudo combinado con azul o rosado.
El color rosado, conocido como «rosa Pompadour» o «rosa Du Barry» en honor a las favoritas de Luis XV, fue un hito. Desarrollado en 1757 por el químico Jean Hellot, este rosa fue muy popular durante una década, aunque su uso disminuyó posteriormente, convirtiéndose en un color emblemático de la época.
Los motivos decorativos reflejaban el gusto rococó de la época, con ramilletes de flores «rocaille», paisajes con amorcillos rosados o azules sobre fondo blanco. Las vajillas adquirieron formas de gran refinamiento, en parte gracias a la colaboración de artistas de renombre como el orfebre Jean-Claude Duplesis, quien diseñó vajillas, copas y jarrones desde la inauguración de los nuevos edificios en Sèvres.
La fábrica también se destacó por sus pequeñas esculturas en biscuit, un tipo de porcelana sin esmaltar que ofrece un acabado mate similar al mármol. Inspiradas en escenas galantes y pastoriles del pintor François Boucher, estas figuras fueron modeladas por escultores como Jean-Jacques Bachelier o Étienne-Maurice Falconet. Las piezas de biscuit anteriores a 1766 se hicieron con pasta blanda, y las posteriores con pasta dura. Aunque no siempre llevaban la marca real de las dos L entrelazadas, algunas incluían las iniciales del artista.
El Desarrollo de la Porcelana Dura
Un hito crucial en la historia de Sèvres y de la porcelana francesa fue el descubrimiento de un yacimiento de caolín en suelo francés, cerca de Limoges, en 1768. Este mineral es esencial para la fabricación de la porcelana de pasta dura, un material más resistente y menos poroso que la pasta blanda.
El conde de Thy de Milly contribuyó significativamente al conocimiento de la porcelana de pasta dura con su memoria de 1771 para la Academia de Ciencias, publicada posteriormente en la enciclopedia. Sus trabajos, basados en observaciones de fábricas alemanas (especialmente Sajonia, hogar de Meissen), señalaban que hasta entonces, incluso Sèvres, había producido principalmente porcelanas vítreas que no poseían las cualidades reales de la pasta dura. La porcelana dura comenzó a comercializarse en Sèvres a partir de 1770, marcando una evolución técnica fundamental.
La Era de Alexandre Brongniart y el Imperio
La Revolución Francesa supuso un declive temporal en la producción. Sin embargo, entre 1800 y 1847, bajo la dirección de Alexandre Brongniart, la fábrica recuperó y superó su fama, alcanzando reconocimiento internacional. Brongniart, nombrado por Claude Louis Berthollet, promovió activamente la fabricación en pasta dura e impulsó numerosas innovaciones técnicas y artísticas.
Entre las técnicas desarrolladas en este periodo destacan la «pasta de bronce» (1802) y la incrustación de camafeo (1821). Se introdujeron nuevos colores y técnicas de dorado, como el dorado brillante (bruñido con piedra de ágata) y el dorado opaco (frotado con arena fina), enriqueciendo la decoración de las piezas.
Los cánones estilísticos del Imperio Napoleónico influyeron fuertemente en la forma y decoración de las piezas de Sèvres. La temática iconográfica se volcó hacia la Antigüedad grecorromana, el Egipto Antiguo y la exaltación de la figura de Napoleón. Los jarrones, por ejemplo, a menudo presentaban cartelas centrales a modo de cuadros, con adornos dorados que incluían símbolos bonapartistas como espadas y estrellas, diseñados por Alexandre-Théodore Brongniart (padre del director), sobre fondos de colores intensos como azul, verde o púrpura.
Los biscuits siguieron siendo muy solicitados, especialmente los bustos de personajes importantes, modelados por escultores neoclásicos como François Joseph Bosio (busto de María Luisa) o Antoine-Denis Chaudet (Napoleón y Josefina). También se producían copias de esculturas antiguas del Louvre. Objetos decorativos como candelabros, relojes, muebles y cofres para joyas se convirtieron en parte habitual de la producción. La pintura sobre porcelana imitaba composiciones de Jacques-Louis David o escenas militares de Swebach. Bajo la Restauración, triunfaron los diseños de Jean-Honoré Fragonard. Los encargos de retratos de la realeza y la nobleza continuaron, así como las figuras ecuestres.
Innovaciones del Siglo XIX y Traslado Final
A partir de mediados del siglo XIX, la dirección de la fábrica se dividió entre un profesional técnico y otro artístico, fomentando la especialización. Durante el Segundo Imperio Francés (1852-1870), el estilo dominante fue el eclecticismo y el historicismo, recuperando formas y motivos del Manierismo de Fontainebleau o el Barroco de Versalles.
En la Exposición de París de 1855, Sèvres presentó piezas con nuevas tonalidades de fondo (grises, amarillos, pardos). Las investigaciones sobre las atmósferas de cocción llevaron a la creación de la «pasta camaleón» en 1862, una innovación técnica fascinante que permitía que la porcelana cambiara de color según la luz: gris bajo luz natural y rojo bajo luz artificial.
Otra técnica decorativa notable introducida a mediados del siglo XIX fue la «pâte-sur-pâte» (pasta sobre pasta). Consiste en aplicar múltiples capas de porcelana en estado semilíquido sobre un fondo de biscuit coloreado. Cada capa se deja secar antes de aplicar la siguiente, modelando gradualmente la imagen con instrumentos metálicos. Tras aplicar la última capa y barnizar, la pieza se cuece, creando un efecto de relieve sutil y translúcido, similar a un camafeo.
En 1875, la fábrica se trasladó a sus edificios actuales, construidos específicamente por el Estado francés, bordeando el parque de St. Cloud. Desde entonces, la producción ha continuado en este sitio, que hoy está clasificado como Monumento Histórico de Francia, manteniendo viva una tradición de excelencia que abarca casi tres siglos.
Las Mujeres en la Manufactura Real
Aunque la historia oficial a menudo se centra en los directores y artistas masculinos, las mujeres también desempeñaron un papel, especialmente en los primeros años. En la manufactura de Vincennes, se creó una «fleurisserie» en 1748, un taller compuesto por una veintena de jóvenes dedicadas a la creación de las delicadas flores de porcelana bajo la dirección de Mme. Cravant. Este taller funcionó hasta 1753, momento en el que se prohibió a las mujeres trabajar directamente en la fábrica.
Tras el traslado a Sèvres, con una plantilla predominantemente masculina de doscientos trabajadores en 1756, las pocas mujeres que continuaron vinculadas a la manufactura, como las de la «fleurisserie», lo hacían a domicilio, transportando diariamente los delicados trabajos de pintura o dorado, a pesar del riesgo de rotura. Este detalle histórico subraya las condiciones laborales y las restricciones de género de la época, contrastando con la delicadeza de su arte.
¿Cómo Identificar una Porcelana de Calidad?
Más allá de la marca o el origen histórico, existen características intrínsecas que nos permiten distinguir una porcelana de alta calidad. Conocer estas claves es fundamental para apreciar el trabajo de manufacturas como Sèvres y diferenciarla de otras cerámicas.
La porcelana es un tipo de cerámica que se cuece a altísimas temperaturas (más de 1.200 °C), lo que le confiere propiedades únicas. Las características fundamentales de una buena porcelana son:
- Gran resistencia: A pesar de su apariencia delicada, la alta temperatura de cocción la hace muy duradera y resistente a los golpes y cambios de temperatura.
- Textura suave y no porosa: La vitrificación completa a alta temperatura sella la superficie, haciéndola impermeable y extremadamente lisa al tacto.
- Acabado brillante, fino y ligeramente translúcido: El esmalte se fusiona perfectamente con el cuerpo, creando una superficie luminosa. Su delgadez permite que la luz la atraviese parcialmente.
Para diferenciar la porcelana de calidad de otros materiales cerámicos como la loza o el gres, que se cuecen a temperaturas más bajas y son más porosos y opacos, presta atención a estas señales:
| Característica | Porcelana de Calidad | Loza/Gres |
|---|---|---|
| Translucidez | Deja pasar la luz ligeramente (halo luminoso) | Opaca, no deja pasar la luz |
| Sonido al golpear | Agudo y limpio (como una campanita) | Más apagado o sordo |
| Tacto de la superficie | Perfectamente liso, uniforme y delicado | Puede presentar irregularidades, granitos, esmalte más grueso o cuarteado |
| Peso | Relativamente ligero para su tamaño y solidez | Generalmente más pesados y densos |
La translucidez es quizás la prueba más distintiva. Si levantas una pieza de porcelana de calidad a contraluz (como un plato o una taza), deberías ver un leve halo luminoso, una cualidad casi etérea que la diferencia de la opacidad de la loza o el gres. Es como la piel de cebolla, fina y ligeramente transparente.
El sonido también es revelador. Un suave golpecito en el borde con el dedo o una cucharita en una porcelana de calidad produce un sonido agudo, claro y resonante, parecido al tañido de una campana pequeña. Un sonido sordo o apagado suele indicar mayor grosor o menor calidad del material.
Finalmente, el tacto. La superficie debe sentirse perfectamente suave y delicada, sin ninguna aspereza, grano o burbuja. El esmalte debe estar bien fundido, sin excesos ni signos de cuarteo (craquelado), integrándose de forma impecable con el cuerpo de la pieza.
Preguntas Frecuentes sobre la Porcelana
- ¿Es Sèvres la única fábrica de porcelana de renombre mundial?
- No, Sèvres es una de las más importantes y con una historia riquísima, pero otras manufacturas como Meissen en Alemania, KPM en Berlín, o incluso algunas fábricas chinas históricas, son también famosas por su alta calidad y valor artístico.
- ¿Qué diferencia hay entre porcelana de pasta blanda y pasta dura?
- La porcelana de pasta blanda se cuece a menor temperatura y es más frágil y propensa a rayarse, aunque permite colores vibrantes bajo el esmalte. La pasta dura, con caolín, se cuece a temperatura muy alta, resultando en un material más resistente, menos poroso y translúcido, ideal para esmaltes y decoraciones sobrecubierta.
- ¿Qué significa que una porcelana sea biscuit?
- Biscuit se refiere a la porcelana sin esmaltar, que se cuece una o dos veces. Tiene un acabado mate que imita el mármol o el alabastro, y se utiliza a menudo para figuras escultóricas.
- ¿Por qué la porcelana histórica de Sèvres es tan valiosa?
- Su valor reside en una combinación de factores: su origen real y patrocinio, la calidad excepcional de sus materiales y mano de obra, las innovaciones técnicas y artísticas que introdujo, y el hecho de que muchas piezas fueron encargadas para la realeza y la nobleza, convirtiéndolas en obras de arte únicas con una historia documentada.
- ¿Se sigue fabricando porcelana en Sèvres hoy en día?
- Sí, la Manufactura Nacional de Sèvres sigue en actividad. Aunque mantiene su producción histórica, también colabora con artistas contemporáneos, orientando parte de su producción hacia una estética del siglo XXI. Desde 2010, forma parte de Sèvres - Ciudad de la Cerámica, junto con el Museo Nacional de Cerámica.
En conclusión, si bien determinar "la mejor" porcelana del mundo puede ser debatible, la historia de la Manufactura Nacional de Sèvres ofrece un caso convincente de excelencia sostenida a lo largo de los siglos. Su legado de innovación técnica, maestría artística y patrocinio real la sitúa firmemente entre la élite de la producción de porcelana a nivel global. Conocer su historia y aprender a identificar las características de una porcelana de calidad nos permite apreciar la profundidad y el arte detrás de este fascinante material.
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